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🌈 El colibrí, la tortuga y el arcoíris: cuando las señales insisten
No todas las respuestas llegan en palabras.
Algunas llegan con alas.
Otras, con caparazón.
Otras, dibujadas en el cielo después de la tormenta.
Primero fue el colibrí.
Pequeño. Veloz. Suspendido en el aire como si desafiara las leyes del mundo.
Cada vez que aparecía, algo en mí se iluminaba.
El colibrí no se posa mucho tiempo.
Viene, vibra, y sigue.
Es mensaje breve. Es susurro rápido.
Es alegría que insiste en medio del caos.
Después… la tortuga.
Silenciosa. Antigua. Paciente.
No vibra rápido. No huye. No se apura.
Camina con la certeza de quien sabe que llegar no depende de correr.
Y cuando pensé que ya había entendido el lenguaje de las señales…
apareció el arcoíris.
El arcoíris no se busca.
Se revela.
Necesita lluvia y necesita luz.
Necesita tormenta y necesita claridad.
Como la vida.
🐦 El colibrí me enseñó
Que el alma también sabe volar.
Que la alegría es medicina.
Que aunque todo tiemble, puedo sostenerme en el aire.
🐢 La tortuga me enseñó
Que no todo se resuelve rápido.
Que el proceso también es sagrado.
Que el hogar verdadero está dentro mío.
🌈 El arcoíris me enseñó
Que después del dolor, hay promesa.
Que lo que parecía oscuro puede volverse puente de colores.
Que la belleza no niega la tormenta… la atraviesa.
Y entonces entendí algo profundo:
Las señales no llegan para impresionarnos.
Llegan para confirmarnos.
Cuando el colibrí aparece, me recuerda que no estoy sola.
Cuando la tortuga insiste, me recuerda que no me apure.
Cuando el arcoíris cruza el cielo, me recuerda que sobreviví.
Tal vez no sean casualidades.
Tal vez sean conversaciones.
Entre el cielo y mi corazón.
🌿 Para el lector
¿Y si esas pequeñas “coincidencias” en tu vida no fueran coincidencias?
¿Y si el universo no gritara… sino que susurrara?
Las señales insisten cuando estamos listas para escuchar.
✨ Mantra
Vuelo cuando debo volar.
Camino cuando debo caminar.
Y confío en que después de cada tormenta…
siempre aparece mi arcoíris.
Decime hacia dónde caminamos… o volamos 🌈🐢🐦✨
Y comprendí…
Que no vine a esta vida a entenderlo todo.
Vine a escuchar.
A escuchar el batir diminuto de un colibrí
cuando mi corazón necesita recordar la alegría.
A escuchar el paso lento de la tortuga
cuando mi ansiedad quiere correr más rápido que mi alma.
A escuchar el silencio que deja el arcoíris
cuando la tormenta ya dijo lo suyo
y el cielo decide perdonar.
Porque las señales no interrumpen.
Acompañan.
No obligan.
Invitan.
No explican.
Revelan.
El colibrí me habla de la magia del instante.
La tortuga me habla de la eternidad del proceso.
El arcoíris me habla de la promesa escondida en cada herida.
Y yo…
Yo ya no pregunto si es casualidad.
Yo agradezco.
Agradezco que el cielo tenga paciencia conmigo.
Que la tierra me sostenga.
Que la luz siempre encuentre una grieta por donde entrar.
Si alguna vez olvido quién soy,
sé que vendrá un ala,
o un caparazón,
o un puente de colores en el cielo
a recordarme que estoy siendo guiada.
No con ruido.
No con miedo.
Con belleza.
Y entonces camino.
Y entonces vuelo.
Y entonces confío.
Porque cuando las señales insisten…
es el alma despertando.
… ahora entramos a lo más humano.
A lo que no tiene brillo, pero sí verdad.
🔥 Cuando la señal duele
No todas las señales llegan envueltas en luz.
Algunas llegan como ruptura.
Como diagnóstico.
Como abandono.
Como miedo.
Y lo primero que hacemos es preguntarnos:
¿Por qué a mí?
Nos enseñaron a reconocer las señales lindas.
El colibrí.
La tortuga.
El arcoíris.
Pero nadie nos prepara para las señales que duelen.
Nadie nos dice que a veces el mensaje llega como sacudida.
Que la vida también habla cuando se desarma.
Hay señales que no se entienden en el momento.
Un alquiler que aumenta cuando el cuerpo aún está sanando.
Una traición cuando creíamos estar seguras.
Un silencio cuando necesitábamos respuesta.
Y en medio del caos, el alma tiembla.
Pero después… con el tiempo…
algo se revela.
Lo que parecía castigo era reubicación.
Lo que parecía pérdida era liberación.
Lo que parecía final era redirección.
La señal duele porque rompe la ilusión.
Rompe el personaje fuerte.
Rompe la idea de control.
Rompe la versión vieja de quién creíamos ser.
Y duele.
Duele dejar de sostener lo insostenible.
Duele aceptar que no podemos con todo.
Duele mirarnos sin maquillaje emocional.
Pero hay una verdad profunda:
La señal que más duele…
es la que más transforma.
No es la luz la que nos cambia.
Es la noche atravesada.
No es el vuelo lo que nos fortalece.
Es el temblor superado.
Y entonces entendemos que incluso el dolor tiene propósito.
No vino a destruirnos.
Vino a despertarnos.
🌑 Reflexión para el lector
¿Qué situación en tu vida hoy te está doliendo…
pero podría estar reacomodándote?
🔥 Mantra del capítulo
Aunque duela, confío.
Aunque tiemble, avanzo.
Aunque no entienda, me entrego.
Porque incluso el dolor… me está guiando.
✨ “El día que pensé que no podía más”
Gracias Gracias Gracias ❤️ 🙏 🙌 🫂 💕
✨📖Con gratitud, luz y propósito,
Sandra
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