10 años de Fundación Varkey: una huella que sigue transformando mi camino
Hay experiencias que no terminan cuando finaliza una capacitación.
Hay aprendizajes que permanecen, se transforman y, con los años, se convierten en parte de nuestra identidad.
Hoy, al celebrar los 10 años de Fundación Varkey, vuelvo inevitablemente a una etapa muy especial de mi trayectoria profesional.
Durante los años 2018 y 2019, siendo directora de la Escuela Primaria N.º 43 de Remedios de Escalada, Lanús, tuve la oportunidad de transitar una experiencia de formación que marcó profundamente mi manera de pensar y hacer educación: la Red de Escuelas de Aprendizaje, impulsada desde la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, y mi formación como directiva a través del postítulo.
En ese camino, el encuentro con Fundación Varkey significó mucho más que incorporar nuevos conocimientos.
Fue una puerta.
Una puerta hacia la innovación, hacia los recursos tecnológicos, hacia otras maneras de enseñar, aprender, gestionar y construir escuela.
En aquellos años comenzaba a descubrir con mayor profundidad que innovar en educación no significa simplemente incorporar una computadora o una nueva herramienta. Significa animarse a revisar nuestras prácticas, abandonar ciertas seguridades, salir de lo puramente analógico y comprender que la escuela puede transformarse sin perder aquello que constituye su esencia: el encuentro humano.
Aprendí el enorme valor del trabajo colaborativo, de construir junto a otros, de escuchar experiencias diferentes y de comprender que el conocimiento crece cuando circula y se comparte.
Pero si algo permanece especialmente vivo en mi memoria es la calidad humana de quienes nos capacitaron.
Porque detrás de cada propuesta, de cada recurso y de cada aprendizaje había personas capaces de acompañarnos, escucharnos, motivarnos y hacernos sentir que transformar la educación era posible.
Hoy miro hacia atrás y puedo reconocer cuánto de aquella Sandra que se animaba a descubrir nuevas herramientas permanece en la mujer, docente y directora que soy.
Muchos de los proyectos que hoy impulso, mi manera de trabajar en equipo, mi búsqueda permanente de nuevas estrategias, mi relación con la tecnología y, especialmente, esa necesidad casi inevitable de imaginar una escuela distinta tienen raíces en aquellos aprendizajes.
Hace algún tiempo recibí un apodo que guardo con muchísimo cariño: “Topadora de energía pedagógica”.
Y quizás esa expresión sintetice bastante bien lo que fui construyendo durante todos estos años: avanzar, proponer, crear, contagiar entusiasmo, abrir caminos y, cuando parece que algo no puede hacerse, buscar otra puerta.
Por eso, recibir recientemente el mensaje de Fundación Varkey invitándome a participar de una entrevista por sus 10 años tuvo un significado muy especial.
La entrevista no solamente me permitió contar mi experiencia. También me regaló algo inesperado: volver a recordar.
Recordar aquellos encuentros, las capacitaciones, las personas, las primeras experiencias con herramientas que entonces resultaban novedosas, los desafíos, las ideas compartidas y esa sensación maravillosa de descubrir que había muchísimo más por aprender y por hacer.
Volví a mirar algunas fotografías de aquellos años y comprendí algo sencillo pero poderoso:
no somos solamente lo que hacemos hoy; también somos cada persona, cada experiencia y cada aprendizaje que alguna vez nos abrió una puerta.
Por eso, en este décimo aniversario, quiero decir:
Gracias, Fundación Varkey.
Gracias por los aprendizajes.
Gracias por acercarme a nuevos recursos tecnológicos.
Gracias por enseñarme el valor de la innovación y del trabajo colaborativo.
Gracias por la calidad humana de sus capacitadores.
Gracias por sembrar preguntas donde antes había certezas.
Y gracias por volver, diez años después, para hacerme recordar momentos maravillosos de aquel camino.
La educación cambió muchísimo desde entonces. La tecnología avanzó, aparecieron nuevas herramientas y hoy incluso hablamos de inteligencia artificial aplicada a nuestras prácticas educativas.
Pero hay algo que ninguna tecnología puede reemplazar: la pasión de una persona que enseña y la capacidad de otra persona de despertar en ella las ganas de seguir aprendiendo.
Quizás allí esté el verdadero legado.
Porque una capacitación puede terminar.
Un postítulo puede finalizar.
Una fotografía puede quedar guardada durante años.
Pero cuando un aprendizaje logra transformar nuestra manera de mirar la educación, ese aprendizaje continúa enseñando a través de nosotros.
Hoy sigo aprendiendo, creando, equivocándome, volviendo a intentar y soñando proyectos.
Sigo creyendo profundamente en una escuela que se transforma, que trabaja en comunidad, que incorpora las herramientas de su tiempo sin perder su humanidad y que jamás deja de preguntarse cómo puede enseñar mejor.
Y aquella puerta que se abrió hace años sigue abierta.
Solo que hoy, desde mi lugar, intento abrirla también para otros.
¡Felices 10 años, Fundación Varkey! 🥳🎂
Que sean muchos años más sembrando innovación, liderazgo, humanidad y ganas de transformar la educación.
Con enorme gratitud,
Sandra Noemí Cayón
“Topadora de energía pedagógica”
Cierre del postítulo en Mar del Plata...
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