miércoles, 28 de octubre de 2026

🖤 NANCY: QUE TU AUSENCIA NO SEA SILENCIO, QUE TU HISTORIA SE CONVIERTA EN CONCIENCIA

 🖤 NANCY: QUE TU AUSENCIA NO SEA SILENCIO, QUE TU HISTORIA SE CONVIERTA EN CONCIENCIA






Una reflexión desde mi corazón y mi compromiso con la docencia


Hoy escribo con el corazón entristecido, pero también con esa indignación que sentimos quienes creemos profundamente en la educación, en la vida y en el derecho de cada persona a regresar sana y salva a su hogar.


El femicidio de Nancy, docente de Esquina, Corrientes, nos duele profundamente.


Nos duele como sociedad, como mujeres, como educadores y como seres humanos.


Porque detrás de una noticia hay una vida. Una historia, sueños, afectos, proyectos y una persona que merecía seguir viviendo.


Nancy no debería ser solamente un nombre que recordemos con tristeza. Su historia tiene que convertirse en un llamado urgente a la reflexión y a la acción.


Hoy quiero hablar de algo que muchas veces permanece invisible: la soledad de quienes sostienen nuestras escuelas, especialmente en los ámbitos rurales.


¿Cuántas veces una docente es directora, maestra, responsable administrativa y hasta quien debe resolver cada emergencia?


¿Cuántas veces una escuela funciona con una sola persona adulta a cargo de todo?


Y entonces me pregunto:


¿Quién cuida a quien cuida?


¿Quién acompaña a quien acompaña?


¿Quién protege a esa docente que todos los días abre las puertas de su escuela para garantizar el derecho a la educación?


Porque no se trata solamente de enseñar contenidos. Se trata de cuidar vidas.


Si una docente se descompone, ¿quién la auxilia?


Si un estudiante sufre un accidente, ¿quién acompaña al resto?


Si ocurre una situación de peligro, ¿con qué recursos cuenta esa comunidad educativa?


No podemos seguir naturalizando que una docente permanezca sola en una escuela con toda la responsabilidad sobre sus hombros.


Y hay otra realidad de la que necesitamos hablar: las condiciones laborales que muchas veces obligan a los docentes a permanecer en lugares donde no se sienten seguros, acompañados oe las condiciones resultan desfavorables no debería convertirse en un castigo que limite nuevas oportunidades laborales.


Necesitamos revisar aquellas normativas que, lejos de proteger, pueden terminar perjudicando a quienes ejercen esta profesión con compromiso y vocación.


Porque la vocación docente no significa aceptar cualquier condición de trabajo.


Amar la educación no significa resignar nuestra seguridad.


Y comprometerse con los estudiantes jamás debería implicar poner en riesgo la propia vida.


También quiero expresar algo fundamental: el femicidio de Nancy es una expresión de violencia extrema contra una mujer. No debemos perder de vista esa realidad ni trasladar la responsabilidad del crimen a la víctima o a su profesión.


Pero su muerte también nos interpela y nos obliga a preguntarnos qué medidas de prevención, protección y acompañamiento necesitan nuestras comunidades educativas.


No podemos asegurar que una medida aislada hubiera evitado esta tragedia. Lo que sí podemos afirmar es que ninguna escuela debería funcionar sin condiciones adecuadas de seguridad.


Como docente, creo en una educación que abra puertas, que abrace las diferencias, que construya oportunidades y que transforme realidades.


Pero también creo que para cuidar a nuestros estudiantes, primero debemos garantizar que quienes enseñan estén cuidados.


No alcanza con hablar de educación de calidad si no hablamos de condiciones dignas de trabajo.


No alcanza con reconocer la vocación docente en los discursos si después dejamos a quienes enseñan enfrentando situaciones de vulnerabilidad.


No alcanza con lamentarnos cuando ocurre una tragedia.


Necesitamos escuchar antes. Actuar antes. Proteger antes.


Hoy, por Nancy, por cada maestra rural, por cada directora que sostiene una institución, por cada auxiliar y por cada trabajador de la educación, quiero levantar mi voz.


No desde el odio, sino desde la conciencia.


No desde el miedo, sino desde el compromiso.


No solamente desde el dolor, sino desde la esperanza de que podamos transformar aquello que durante demasiado tiempo hemos naturalizado.


Que las autoridades educativas escuchen.


Que se revisen las condiciones de funcionamiento de las escuelas.


Que existan protocolos reales de seguridad, recursos humanos suficientes, acompañamiento institucional y condiciones laborales que respeten la dignidad de cada trabajador.


Y que la prevención de la violencia de género sea una responsabilidad permanente del Estado y de toda la sociedad.


Porque ninguna mujer debería perder la vida por la violencia machista.


Porque ninguna docente debería sentirse abandonada en su lugar de trabajo.


Porque ninguna comunidad educativa debería tener que atravesar una tragedia para ser escuchada.


Hoy abrazo con respeto y solidaridad a la familia de Nancy, a sus seres queridos y a toda la comunidad educativa que llora su ausencia.


Y deseo profundamente que este dolor colectivo no se apague cuando las noticias dejen de hablar de ella.


Que se transforme en conciencia.


Que se transforme en compromiso.


Que se transforme en decisiones concretas.


Que se transforme en una educación más humana, más segura y más justa.


Nancy, que tu nombre no quede solamente en una noticia. Que tu memoria nos convoque a defender la vida.


Porque enseñar es un acto de amor, pero cuidar a quienes enseñan también debe ser una obligación.


Ni una menos. Ni una docente sola. Nunca más. 🖤


Sandra Noemí Cayón

Docente y defensora de una educación pública, inclusiva, humana y comprometida con la vida.


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