lunes, 9 de febrero de 2026

 He visto familias romperse

no por hambre,

no por necesidad,

sino por un pedazo de tierra.

Por un ladrillo.

Por una herencia que, al final, ninguno se va a llevar.

Hermanos que se criaron juntos

hoy no se hablan.

Madres que lloran en silencio

viendo cómo sus hijos se reparten casas

pero no se reparten respeto.

Y lo más absurdo…

el día que nos toque partir,

nadie va a meter una escritura en el ataúd.

Ni una llave.

Ni una cuenta bancaria.

Nos vamos solos.

Con las manos vacías.

Y con la conciencia llena.

Ahí no importará cuánto ganaste,

ni qué terreno te quedaste,

ni a quién engañaste para “salir mejor parado”.

Solo quedará la memoria

de lo que fuiste como persona.

Por eso duele ver tanta hipocresía.

Gente que reza en público

pero en privado envenena.

Que sonríe de frente

y apuñala con palabras cuando nadie mira.

Hoy te sientes arriba.

Crees que tienes el control.

Crees que ganaste.

Pero la vida no avisa cuando da la vuelta.

La soberbia destruye familias enteras.

La humildad las salva.

Y muchos eligieron destruir

por no saber soltar.

No envenenes a quien alguna vez te tendió la mano.

No humilles a quien caminó contigo.

Porque la vida no olvida

y siempre cobra factura…

con intereses.

Y no te engañes:

Dios no se impresiona con golpes de pecho.

Él sabe lo que piensas,

lo que dices,

y lo que haces cuando nadie te ve.

El día que todo termine,

no te van a preguntar qué heredaste.

Te van a preguntar

a quién heriste,

a quién traicionaste,

y a quién dejaste solo

por aferrarte a cosas que hoy defiendes

y mañana no te servirán de nada.

Porque las casas se quedan.

La tierra se queda.

El dinero se queda.

Pero la culpa…

esa sí se va contigo. 🫂😔

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

 He visto familias romperse no por hambre, no por necesidad, sino por un pedazo de tierra. Por un ladrillo. Por una herencia que, al final, ...