🌤️ Capítulo: Cuando el cielo baila sobre mi casa
No fue un día extraordinario,
y sin embargo algo extraordinario ocurrió.
Levanté la mirada y el cielo comenzó a moverse.
No era caos: era danza.
Varias golondrinas tijeras surcaban el aire sobre mi casa,
cruzándose, girando, haciendo piruetas
como si celebraran un secreto antiguo
que mi alma sí recordaba.
Entraban y salían del espacio invisible
que rodea un hogar.
No se posaban.
No se iban.
Volvían.
Comprendí entonces que hay señales
que no vienen a explicar,
sino a confirmar.
Las golondrinas tijeras no eligen cualquier lugar.
Buscan armonía, refugio, corrientes favorables.
Cuando vuelan juntas, coordinadas,
hablan de comunidad, de lazos,
de caminos que se sostienen en red.
Su vuelo me habló de libertad,
pero no de huida.
Me habló de la libertad que nace
cuando una ya no necesita escapar,
cuando puede quedarse y volar mejor.
En sus piruetas vi alegría.
Una alegría serena,
esa que llega después de haber atravesado tormentas.
No era euforia:
era confianza.
El cielo, sobre mi casa,
me estaba diciendo sin palabras:
vas bien.
No estás sola.
Lo que estás construyendo tiene sentido.
Sentí que protegían el hogar,
los vínculos,
las decisiones tomadas con el corazón temblando
pero firme.
Las golondrinas tijeras me recordaron
que el alma también aprende a volar en grupo,
que el amor verdadero sabe coordinarse,
y que cuando el vuelo es compartido,
el miedo se vuelve aire.
Desde ese día,
cuando dudo,
miro al cielo.
Y confío.
✨

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